De todos los libros que se han escrito a lo largo de la historia humana ninguno ha sido tan leído como la Biblia. Aquí nos referimos exclusivamente a la lectura que se hace en relación con la vida cristiana. Damos por sentado que tal lectura es uno de los medios que el Espíritu Santo usa para cumplir los propósitos de la revelación de Dios de la cual dan cuenta las Sagradas Escrituras. La lectura de la Biblia como literatura tiene valor en sí, pero la que aquí interesa es la que tiene como propósito conocer la voluntad de Dios para la vida práctica tanto a nivel personal como a nivel comunitario.

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